Si puedes estar firme cuando tiemblen de miedo todos te señalen con vengativo dedo; si cuando todos duden de ti, tú dices: Puedo confiar en mí, y dejarlos en su pobre opinión; si sabes esperar sin cansar la esperanza; si contra la calumnia no opones la venganza; si sabes ser odiado sin odiar; si en balanza calculas tus miradas, de tu palabra el son.
Y puedes soñar sin vivir de tu sueño; si haces de tu pensar un esclavo y no un dueño; si al triunfo y al desastre con semblante risueño -a ese par de impostores- los sabes domeñar; si, frío, puedes ver la verdad de tu boca urdida en redes para la muchedumbre loca, o el barco de tu vida roto contra la roca con el mellado escoplo volver a comenzar.
Si sabes arriesgar tu fortuna a montones al azar misterioso de los pares y nones y comenzar de nuevo a acumular doblones y de tu desventura no murmurar después; y si forzar pudieres tu corazón, tu anhelo, tus nervios moribundos a servirte con celo. ¡Adelante! Aunque todo rodara por el suelo, salvo el QUERER que grita para ti, ¡Vamos pues!
Si la plebe no mancha tu corazón erguido; si el honor de los reyes no te roba el sentido; si amigos y enemigos no te encuentran rendido; si das la mano al hombre sin besarla jamás; si puedes llenar cada minuto inaplazable con sesenta segundos de vigor implacable… La tierra será tuya y cuanto en ella es dable, y lo que es más, un HOMBRE, hijo mío, serás.
Rudyard Kipling (India, 1865 - 1936) Nobel de Literartura en 1907 Versión de Aquilino Villegas