Amo a mi amo

Amo a mi amo

Amo a mi amo, recojo leña para encender su fuego cotidiano. Amo sus ojos claros. Mansa cual un cordero esparce gotas de miel por sus orejas. Amo sus manos que me depositaron sobre un lecho de hierbas: Mi amo muerde y subyuga. Me cuenta historias sigilosas mientras abanico todo su cuerpo cundido de llagas y balazos de días con sol y guerra de rapiña. Amo sus pies que piratearon y rodaron por tierras ajenas. Los froto con los polvos más finos que encontré, una mañana, saliendo de la vega. Tañó la vihuela y de su garganta salían coplas sonoras, como nacidas de la garganta de Manrique. Yo quería haber oído una marímbula sonar. Amo su boca roja, fina, desde donde van saliendo palabras que no alcanzo a descifrar todavía. Mi lengua para él ya no es la suya.

Y la seda del tiempo hecha trizas.

Oyendo hablar a los viejos guardieros, supe que mi amor da latigazos en las calderas del ingenio, como si fueran un infierno, el de aquel Señor Dios de quien me hablaba sin cesar.

¿Qué me dirá? ¿Por qué vivo en la morada ideal para un murciélago? ¿Por qué le sirvo? ¿Adónde va en su espléndido coche tirado por caballos más felices que yo? Mi amor es como la maleza que cubre la dotación, única posesión inexpugnable mía.

Maldigo

esta bata de muselina que me ha impuesto; estos encajes vanos que despiadado me endilgó; estos quehaceres para mí en el atardecer sin girasoles; esta lengua abigarradamente hostil que no mastico; estos senos de piedra que no pueden siquiera amamantarlo; este vientre rajado por su látigo inmemorial; este maldito coraz6n.

Amo a mi amo, pero todas las noches, cuando atravieso la vereda florida hacia el cañaveral donde a hurtadillas hemos hecho el amor, me veo cuchillo en mano, desollándolo como una res sin culpa.

Ensordecedores toques de tambor ya no me dejan oír ni sus quebrantos, ni sus quejas. Las campanas me llaman… NANCY MOREJÓN (Cuba, 1944)