Campesino membrudo, de verdes años, robusta labradora, de fresca vida, se apresuran, opuestos, por escondida senda que bien conocen ciervos huraños,
a toparse en el bosque -fácil guarida de parejas a fruto de los regaños y ojerizas paternos. ¡Con qué de amaños la cita deseada fue convenida!
-Digo las cosas claro; nadie se asombre-. Van urgidos del hambre por la molestia: él con hambre de hembra y ella de hombre.
Se juntan… y tendida, tras un instante, sobre el césped se agita súbita bestia, bicéfala, cuadrúpeda, jadeante… ALFREDO ARVELO LARRIVA (Venezuela, 1883 - 1934)