Emigraron los años lo mismo que las aves. De aquellos días tibios, serenos de la infancia, como vagos esbozos sobre lienzo de niebla apenas han quedado, suaves, en mi memoria algunas pinceladas de leve veladura. Así la primavera pasó dejando sólo alguna que otra flor, un guijarro en el río, un aroma de lluvia, unos labios de agua. Hoy, sentado en el íntimo umbral de cada tarde bajo el cielo aterido y tordo de noviembre, para olvidar que el tiempo también tiene su prisa, en las cálidas olas de ayer mis ojos hundo como en los de una niña morena y misteriosa. VÍCTOR JIMÉNEZ (España)