Recuerdo el día aquel, cristal brumoso en el que fui a cazar por tu ribera; entonces el fulgor, la primavera: la aparición del tacto melodioso.
Mi vida se ha fundado en ese gozo -mi vida de romántica madera-, sin ti, reír es nube pasajera; sin ti, soñar es páramo dudoso.
Recuerdo bien, cuando te vi surgir -crisálida de intentos valerosos-, tatuando con diamantes mi sentir.
No morirás jamás, cristal lluvioso, pues cuando sienta el último latir aún arderá tu arpegio luminoso.
MARCELO URIOSTE ( Bolivia )