Te vi, te amé; tu imagen peregrina en mi alma se grabó. Me hiciste comprender que me querías, y aún más te quise yo. Y cuando, loco, con tu amor formaba halagüeña ilusión, me diste con la puerta en las narices.
Pues ¡hija!, se acabó.
Toma tu rizo, mándame mis cantares, y busca la ocasión en que pueda tus besos devolverte pues no los quiero yo.
CLEMENTE PALMA (Perú, 1872- 1946)