Seremos tristes

Seremos tristes

Oye, seremos tristes, dulce señora mía. Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza. Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza, tristes como el crepúsculo de una estación tardía.

Tendrá nuestra tristeza un poco de ufanía no más, como ese leve carmín de tu belleza, y juntos lloraremos, sin lágrimas, la alteza de sueños que matamos estérilmente un día.

Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga de los parques lejanos, de las muertas ciudades, de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga.

Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos, tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos.

RAFAEL MAYA ( Colombia, 1897 - 1980 )

Tan tuyo como mío

EL aire vegetal de tus pupilas. La rama del almendro de tu frente. El párpado alertado, la simiente que allá en la rueca de tus ojos hilas.

Yo estoy contigo, pero tú vigilas mi pensamiento: la mirada ausente que a veces llega a hundirse en la corriente de un río con aguas -¡de verdad!- tranquilas.

Y aunque contigo estoy y te lo advierto, pese a que el pensamiento, la mirada, se alejen hacia el mar por ese río,

tú me reprochas que este amor tan cierto no es tuyo ya, que ya no tienes nada. ¡Y es un amor tan tuyo como mío!

De “Nuevos poemas de amor”

JACINTO LÓPEZ GORGE ( España, 1925 )

Trazo incompleto

Te encontré una vez más. Tenías lo que mi alma deseaba, lo que todo mi ser siempre pedía. Te perdí una vez más, tenías lo que yo no quería.

Mi alma era para ti, vino a buscarte creyendo que ya estabas, tú viniste después para esperarme sin saberme llegada.

Sedientas se buscaron, y se vieron, mas pasaron de largo, sin palabras; porque yo te aguardaba por el norte y en el sur, silencioso, me esperabas.

No pensamos, al vernos, en que el tiempo pudiera haber burlado nuestras almas.

CARMEN TOSCANO ( México, 1922 )

Tristeza del recuerdo

Por las esquinas vagas de los sueños alta la madrugada, fue conmigo tu imagen bien amada, como un día, en tiempos idos, cuando Dios lo quiso.

Agua ha pasado por el río abajo, hojas verdes perdidas llevó el viento desde que nuestras sonrisas vieron quedas su afán borrarse con el sol traspuesto.

Hermosa era aquella llama, breve como todo lo hermoso: luz y ocaso. Vino la noche honda, sus cenizas guardaron el desvelo de los astros.

Tal jugador febril ante una carta, un alma solitaria fue la apuesta arriesgada y perdida en nuestro encuentro; el cuerpo entre los hombres quedó en pena.

¿Quién dice que se olvida? No hay olvido Mira a través de esta pared de hielo ir esa sombra hacia la lejanía sin el nimbo radiante del deseo.

Todo tiene su precio. Yo he pagado el mío por aquella antigua gracia, y así despierto, hallando tras mi sueño un lecho solo, afuera yerta el alba.

LUIS CERNUDA ( España, 1902 - 1963 )

Viento de ayer

¿Es tu hija, verdad? La he conocido por la estrella fugaz que hay en sus ojos, la cabeza inclinada y la manera, tan tuya, de mirar llena de asombro.

¿Es tu hija, verdad? lo han presentido -¡desde tan hondo!- unos vientos callados que dormían bajo las aguas quietas, en el pozo de los tiempos perdidos, donde guardo las hojas que cayeron de los sauces remotos.

Tiene luz en la frente -tu misma luz-. Y el gesto melancólico. Tiene el cuello tan frágil como tú lo tenías y en el pelo los mismos pájaros locos. Tiene un viento de ayer entre los dedos, y en el rostro… tu firma escrita con otra sangre que no conozco.

TORCUATO LUCA DE TENA ( España, 1923 )