No estamos solos. Nunca estamos solos. Aunque la calle inunde su eterna muchedumbre a bocanadas. Aunque el grito se extienda sin compartirse, como la llama medra entre los labios, como el errante bosque se dignifica en piedra.
No estamos solos en la ciudad inteligible. Mientras el hacha se convierta en estrías de columna y la alevosa ira deje de ser cornada. Cuando el halo de un cuerpo, si sufriente, desbrizne sus estigmas sin recordar el susto.
No está sola la niña que ha olvidado su amor en la llanura. Ni el errante que no encuentra la dicha, cuando los fustes se convierten en aves. cuando el cayado desarraiga la mejilla y el busto.
¡Que no venga tu lágrima empañada, que no acose tu vientre la almidonada esfera, que no irrumpa en la sala donde duermes, donde el trueno defiende el acoso de los niños, donde el calor involucrado ha puesto sus raíces!
Porque no me has faltado todavía. Aun antes de llegar no me faltabas. Rehén de la magnífica torre, guarda que se avecina desde el puente donde fluyen dos ojos indigentes, para hacerse medalla encubridora.
Oh sola soledad que ya no aplazas, que no apruebas el envite empobrecido de mi mesa, que no confundes el dibujo de mi equipaje. Te tengo compartida con el pulso, con el ángel continuo, con el amor en vuelo.
De “Ditirambos para mi propia burla”
JOSÉ ANTONIO MORENO JURADO ( España, 1946 )
No moriré del todo, amiga mía, mientras viva en tu alma mi recuerdo. Un verso, una palabra, una sonrisa, te dirán claramente que no he muerto.
Volveré con las tardes silenciosas, con la estrella que brilla para ti, con la brisa que nace entre las hojas, con la fuente que sueña en el jardín.
Volveré con el piano que solloza las nocturnas escalas de Chopin; con la lenta agonía de las cosas que no saben morir.
Con todo lo romántico, que inmola este mundo cruel que me destroza. A tu lado estaré cuando estés sola, como una sombra más junto a tu sombra.
RODOLFO TALLON ( Argentina, 1901 - 1976 )
Nunca, nunca otros labios te besarán así; ni unos ojos habrá que lloren de amor, como he llorado, ni manos que, temblando, se acerquen hasta ti con la ternura inmensa con que yo me he acercado. Ni corazón más claro ni dolor más fecundo hallará la arrogancia de tu frente cansada, ni un decir más sencillo ni un sentir más profundo encontrarás de nuevo en la larga jornada. Y cuando yo haya muerto y camines doliente, evocando un nombre ante cada mujer, como yo te llamaba, me llamarás, ferviente. ¡Y ya no podrá ser!
SARA HUBER ( Chile, 1963 )
Con las puertas abiertas definitivamente al dolor al dolor al dolor, al crepúsculo humano, a los acontecimientos resbaladizos, grises del corazón, de los ojos cortados, bruscamente, a la plata verde, a la plata blanda y verde del mundo, ahora que todo está un poco más claro, sólo un poco más claro, con la luna y el agua y las conversaciones, quiero buscar otros signos, otra pólvora que repita la sangre por los pétalos. Si no, ¿para qué el pulso? si no, ¿para qué el cielo? ¿Para qué los esfuerzos minerales? ¿Y el mar? ¿Y los latidos? ¿Y los labios? ¿Para qué si la tinta no salta como una antigua bestia enfurecida, como un eterno cíclope de sangre, como una ola loca y fecundada? Que salte saltando, con un corazón caliente entre las manos. Que salte, que salpique de muertos las mesas negras de los escritores. Que salte, que haga huir a la rana ya la rata.
Que salte. Que hunda. Que duela. Que salte.
La ciudad de sueño y exactos precipicios, que salte. La enredadera blanca del cielo del invierno, que salte. La mujer que pregunta a qué edad mueren los hombres, que salte. El niño que reune caracolas y peces asustados y diluvios, que salte. Como una mano negra que necesariamente mancha, que necesariamente explica y tiembla y tiembla y resucita los llantos de los gatos, como un siglo llenísimo de tortugas errantes, como un mar imposible de barcos degollados. Que salte. Que salte que salte que salte. Que salte siempre. Que siga saltando Con las puertas abiertas y las manos hundidas para siempre en la tierra.
De “La soledad absoluta de la tierra”
MIGUEL SÁNCHEZ GATELL ( España, 1965 )
Para vivir no quiero islas, palacios, torres. ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes, las señas, los retratos; yo no te quiero así, disfrazada de otra, hija siempre de algo. Te quiero pura, libre, irreductible: tú. Sé que cuando te llame entre todas las gentes del mundo, sólo tú serás tú. Y cuando me preguntes quién es el que te llama, el que te quiere suya, enterraré los nombres, los rótulos, la historia. Iré rompiendo todo lo que encima me echaron desde antes de nacer. Y vuelto ya al anónimo eterno del desnudo, de la piedra, del mundo, te diré: “Yo te quiero, soy yo”.
PEDRO SALINAS ( España, 1891 - 1951 )
¿Pensamientos? no son tales si de amor; ¿de alegría, y encadenan?, no, pensamientos no son; ¿dolorosos, con heridas?, no, pensamientos no son. ¡Oh qué luz tan adorable, más que el alma! No sois yo. Herida más que una herida, más que llaga, que el latir, como un eco hueco sois que a la vez la fuente fuera. ¿Pensamientos? No, no lo son, si de amor. Son palomas amorosas de los labios, mares de los ojos son que volasen lentamente, placer y tormento a un tiempo, una inquietud que da paz, un beso puñal, que ahoga. ¡Oh deliciosa tortura!
Como una llama llagada, sangre encendida en el fuego que envenenas con tu vino, con tus flechas deliciosas. Cepo en los pies y cadenas, de hierro atadas las manos, siervo de amor he quedado. Luz y labios, sol y aurora. Dame tú la mano, azul, dame, azul, dame la mano: en el oro, en el rayo, en la lava…
De “Estaciones cotidianas”
PEDRO ANTONIO URBINA ( España, 1936 )
Alcánzame la copa de tu pena, que no quiero mirar su fondo oscuro, no la bebas de golpe te lo pido, saboréala despacio y sin apuro. Si te embriagas de rabia o de amargura, y te pesan los párpados de dudas allá mismo en el fondo de tu pena, hallarás mi comprensión desnuda, y en la mano caliente que te brindo no estará la recíproca esperando, pero sí mi corazón abierto, junto al tuyo con ansia palpitando. No desmayes y alcánzame tu copa, a esa pena le faltan muchas cosas, la madura respuesta que da el tiempo y la fuerza de lucha bondadosa. Con un poco de amor ¡serás muy fuerte! y si ese amor suplanta lo imposible vencerás con el tiempo toda suerte y serás en la lucha lo invencible. No mendigues jamás calor ni abrigo, que la lástima no llegue hasta tu puerta, que el afecto prestado es el castigo que la vida por fácil siempre oferta. Así ha de ser desde que el mundo es mundo desde que Dios te regaló existencia; no la aproveches para ahogarte en ella ni la derroches buscando experiencia. Y recuerda que con un poco de amor ¡serás muy fuerte! Y si ese amor suplanta lo imposible vencerás con el tiempo toda suerte y serás en la lucha…..¡lo invencible!
JOSE LARRALDE ( Uruguay )
No sé si me engañaste, más fingiste tan bien tu amor y tu entusiasmo loco, que hoy, aunque nada entre los dos existe, aún me parece que me amaste un poco.
Y si hoy, otra mujer, una alegría dejar quisiera en mi existencia triste, para hacerme feliz le pediría que me engañara como tú lo hiciste.
FEDERICO RIVAS FRADE ( Colombia )
Quisiera abrir mis venas bajo los durazneros, en aquel distraído verano de mi boca. Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros, lenta rueda comida por agrias amapolas.
Yo te ignoraba fina colmena vigilante. Río de mariposas naciendo en mi cintura. Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos, y el viento que venía con máscara de uvas.
Yo no quise borrarme cuando no te miraba pero me sostenías, fresca mano de olivo. Estrella navegante no pude ver tu borda pero me atravesaste como a un mar distraído.
Ahora te descubro, tan herido extranjero, paraíso cortado, esfera de mi sangre. Una hierba de hierro me atraviesa la cara… Sólo ahora mis ojos desheredados se abren.
Ahora que no puedo derruir tu frontera debajo de mi frente, detrás de mis palabras. Tocar mi vieja sombra poblada de azahares, mi ciego corazón perdido en la manzana…
SARA DE IBÁÑEZ ( Uruguay, 1910 - 1971 )
Cuando digo mujer quiero decir tus ojos cuando digo el amor quiero decir tu voz cuando digo infinito quiero decir un día y si digo el pasado digo todas las playas donde estuvimos juntos y si digo el futuro hablo de tu presencia que se propaga por las cosas como un incendio y si digo silencio quiero decir adiós cuando digo las noches quiero decir tu cuerpo cuando digo decir quiero decir tocar saltar permanecer cuando digo matar quiero decir tus gritos tus celos de tigresa merodeando en las noches y si digo dinero digo mis deudas y tus deudas y si digo cordura digo tu locura y la mía y si digo estar vivos quiero decir morirse y cuando digo ahora digo tiempo y cuando digo tiempo digo siempre cuando digo dolor quiero hablar de todo lo que odiamos juntos y cuando digo odio quiero decir amar y cuando digo muerte quiero decirlo todo cuando digo tu nombre quiero decir tu nombre y cuando digo vida quiero decir tu amor.
ALBERTO VANASCO ( Argentino 1925 )
No es sólo la pasión de los abrazos, la saliva, el aroma, el vértigo, los besos o el plácido desvelo de la ausencia.
Mi amor es la fábula y la trama, el relato interior que sigue a cada encuentro, la glosa que acompaña los adioses, el minucioso examen de las frases y el eco que tu voz le pone a mi silencio.
Mi amor es ser feliz y no engañarme anticipando el daño del negro desengaño, cuando el sexo se esfume en el recuerdo remoto y resentido de un orgasmo. El consentir la calma en las mareas y atesorar las horas y los días de la fiesta de luz que celebramos, del banquete voraz de los sentidos.
Y abolir la frontera de los cuerpos, detenernos, subiendo la escalera, a besarnos en todos los peldaños .
LEOPOLDO ALAS ( España )
Recuerdo el día aquel, cristal brumoso en el que fui a cazar por tu ribera; entonces el fulgor, la primavera: la aparición del tacto melodioso.
Mi vida se ha fundado en ese gozo -mi vida de romántica madera-, sin ti, reír es nube pasajera; sin ti, soñar es páramo dudoso.
Recuerdo bien, cuando te vi surgir -crisálida de intentos valerosos-, tatuando con diamantes mi sentir.
No morirás jamás, cristal lluvioso, pues cuando sienta el último latir aún arderá tu arpegio luminoso.
MARCELO URIOSTE ( Bolivia )
Te vi, te amé; tu imagen peregrina en mi alma se grabó. Me hiciste comprender que me querías, y aún más te quise yo. Y cuando, loco, con tu amor formaba halagüeña ilusión, me diste con la puerta en las narices.
Pues ¡hija!, se acabó.
Toma tu rizo, mándame mis cantares, y busca la ocasión en que pueda tus besos devolverte pues no los quiero yo.
CLEMENTE PALMA (Perú, 1872- 1946)
Nos hemos bruscamente desprendido y nos hemos quedado con las manos vacías, como si una guirnalda se nos hubiese ido de las manos; con los ojos al suelo, como viendo un cristal hecho pedazos: el cristal de la copa en que bebimos un vino tierno y pálido….
Como si nos hubiéramos perdido, nuestros brazos se buscan en la sombra…¡Sin embargo, ya no nos encontramos! En la alcoba profunda podríamos andar meses y años, en pos uno del otro, sin hallarnos….
JAIME TORRES ( México )
Se me han ido las horas en tejer un encaje, en prender una cinta y en bordar una flor… Se me han ido las horas en mirar un paisaje, y en oír una fuente y en copiar un celaje, y en hacer una rima y en soñar un amor.
Se me han ido las horas enhebrando quimeras, y tejiendo locuras imposibles de ser… Se me han ido las horas -golondrinas viajeras- y han pasado los sueños como nubes ligeras, por mi triste y errante corazón de mujer.
Se me han ido las horas…No me dejes, amado, arrollar por la ola de la vida vulgar. Ven a mí, dulce dueño, tanto tiempo esperado y al arrullo divino de tu verso encantado, ¡que me duerma en tus brazos para no despertar!
MARGARITA MONDRAGÓN ( México )
Oye, seremos tristes, dulce señora mía. Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza. Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza, tristes como el crepúsculo de una estación tardía.
Tendrá nuestra tristeza un poco de ufanía no más, como ese leve carmín de tu belleza, y juntos lloraremos, sin lágrimas, la alteza de sueños que matamos estérilmente un día.
Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga de los parques lejanos, de las muertas ciudades, de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga.
Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos, tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos.
RAFAEL MAYA ( Colombia, 1897 - 1980 )