Ya después...

Ya después…

¿Por qué lloramos dos veces por dolor, rocío y agua? ¡Agua y rocío de auroras que nunca se terminaban! Las nubes son de la virgen y de las frescas mañanas, como el halcón de tus besos es de la noche callada.

Se ahoga mi voz de nardo entre lagos de palabras, mientras la tuya, en la cera de blancos cirios resbala. En el pastizal hoy duermen ángeles de blancas alas, el tiempo sueña que nace borracho de amor y canta.

Estoy cansado, ¡lo sabes! no eres la fresca mañana que despuntó en el ayer sobre mis ratos de calma. Eres fruta malherida por los aires en borrasca, y por fantasmas y luces que tiemblan de amor y pasan.

El ave con sencillez bate sus frágiles alas y se remonta a los cielos donde libremente vaga. Mi corazón, en la bruma que brota de tus palabras, se queda inmovilizado temblando de amor, y calla.

Como niño pordiosero tiritando en la mañana, busco tu cálido abrigo y aquella paz que me dabas. Tendida sobre la arena miro tu imagen de plata, y al percibirte distante mi voz en dolor se inflama.

No me busques esta noche, porque tú, estás emplazada, los faunos de caras tristes tienen contratada tu alma. Ellos no quieren que vengas a ver mi noche estrellada, y tú no quieres venir a mis mares de palabras.

Volverás fortuitamente como vuelve en la baraja; ansiada reina de sotas cuando ya no da ventaja. Y te diré que no pases, pero al cerrar la ventana, tu cara muerta de frío temblará dentro de mi alma.

¡Te perdonaré de nuevo como antes te perdonaba! porque amo tu voz tranquila de inocencias y de dramas. Porque tú y yo somos notas en escalas separadas ya que tu vida comienza donde la mía se apaga.

Cuando esté por fin tranquilo en la calidez más santa, en la calidez que sólo el sepulcro nos depara. En mi rima transparente el embrujo de tu magia como un barco de papel flotará con risa amarga.

Humberto Garza (México)