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Anónimo (s. XVI)
¡Don clavel, válgame Dios, qué bellos olores tenéis!
Don clavel, verde y florido, mi señora os ha cogido. ¡Qué bellos olores tenéis!
Don clavel, verde y granado, mi señora os ha segado. ¡Qué bellos olores tenéis!
«El mal de amor, pastora…»
Anónimo (segunda mitad del s. XVI)
El mal de amor, pastora, voluntad lo ha de causar; de lo que el querer se duele, ni el querer lo dejará.
Tan pronto te descubrí, del Amor supe la maña; turbóme el corazón, en viéndote en la montaña. Y, queriendo, no hubo tiempo de poderme retirar: de lo que el querer se duele ni el querer lo dejará.
Bien sabe Dios que yo quise poder aquello rehuir, mas la voluntad primera no lo quiso consentir. Amar la hiciera traidora pero no hará desamar: de lo que el querer se duele, ni el querer lo dejará.
Cuanto tengo ya te he dado, pues voluntad ha vencido; ya no está en mi libertad no querer lo que he querido. Si más pudiese, pastora, cómo te lo iba a negar: de lo que el querer se duele ni el querer lo dejará.
Aunque ingrata tú me fueras, no podría desamarte, que no quiere mi querer sino poder contentarte. Descontento yo estuviera si no viniera a pensar: de lo que el querer se duele, ni el querer la dejará.