El templo de la gloria

El templo de la gloria

(fragmentos) Anónimo (principios del s. XIX)

Rodeado por la sombra formidable, que difunde la muerte asoladora, desterrado en una tierra inhabitable que a sus tristes moradores cruel devora, ¿cómo cantaré la luz inagotable del sol eterno que brilla sin aurora, que no vio del ocaso la tumba oscura ya torrentes derrama la dicha pura?

Sentado con los hermanos del cautiverio en la enlutada y fúnebre ribera de los negros ríos del Babilonio imperio, sufriendo de los enemigos la saña fiera, y los dardos de la burla y el vituperio, en una tierra extraña y forastera, ¿cómo cantaré tan trágicas escenas entre grilletes, esposas y cadenas?

¡Oh vos, que resplandecéis en las alturas de la Santa Sion, Dios de grandeza, abismo inagotable de dulzuras, dad vigor y aliento a mi flaqueza! Sumergido en un mar de amarguras, hablar de vuestra gloria es ardua empresa, mas yo entraré en la senda peregrina, si vuestra preciosa luz a ella me encamina.

Renovaba una tarde la memoria de los esforzados héroes que portaron en sí mismos la inmortal victoria y con ilustres hazañas decoraron los fastos indelebles de la historia, y de eternos laureles se coronaron, cuando me rinde un sueño apacible y subo a la morada inaccesible.

Por las etéreas regiones navegaba sin rumbo, sin carta y sin guía; una aura dulce y fresca respiraba, ya mi corazón dilataba la alegría; una calma benéfica reinaba, y la pálida luna resplandecía; y centelleando las vívidas estrellas inmensos mares forman de luces bellas. ( …)

(…) Entre dulces suspiros la luz admiro, más hermosa a mis ojos que el alba bella, encantadora luz por la cual suspiro más que el errante piloto del mar la estrella: ¡por ti, luz eterna, por ti respiro! ¡Tú iluminas, divina maravilla, mis extraviados pasos en noche oscura, y en tus rayos encuentro la senda segura!

Así en mi entusiasmo dirigía todo mi corazón a tu luz encantadora, sumergido en patética alegría, cuando un mármol nevado es nueva aurora que al titubeante paso sirve de guía, pues, en una inscripción consoladora, se presenta la senda suspirada con inmortales caracteres grabada.

«Oh vosotros, que errantes en tierra extraña suspiráis por la gloria verdadera, no habéis de buscarla en la patraña de un mundo que da incienso a una quimera: escalad esforzados esta montaña, no aterre a vuestros corazones su presencia fiera ; no dejaros engañar por falsa estrella: esta es la senda, caminad por ella. » (…)

El vulgo comúnmente se aficiona…

El vulgo comúnmente se aficiona a la que sabe que es doncella y moza, porque ansí le parece al que la goza que le coge la flor de su persona.

Yo, para mí, más quiero una matrona que con mil arteficios se remoza, y, por gozar de aquel que la retoza, una hora de la noche no perdona.

La doncella no hace de su parte, cuando la gozan, cosa que aproveche, ni se menea, ni da dulces besos.

Mas la otra lo hace de tal arte, y amores os dirá, que en miel y leche convierte las médulas de los huesos.

«Infeliz, más me hubiera valido»

ANÓNIMO (primera mitad del s. XIV)

Infeliz, más me hubiera valido ser casada, o tener un cortés amigo que haber sido monja ordenada.

A monja me metieron para mi daño: gran pecado hiceron, según mi parecer; mas a quienes aquí me metieron más daño les dé Dios y los aborrezca. Porque si yo lo hubiera sabido -mas fui un poco necia- ni que todo Montagut me dieran aquí hubiera entrado.

Jarcha del siglo XI

¿Qué haré o qué será de mí? ¡ Amado, no te apartes de mí ! Mi corazón se me vá de mí. Oh, Dios, ¿acaso se me tornará? ¡ Tan fuerte es mi dolor por el amado ! Enfermo está, ¿ cuando sanará ? ¿ Qué haré , madre ? Mi amigo está a la puerta. Si me quisieses, oh, hombre bueno, si me quisieses, me darías uno.

«La canción que habéis dicho…»

Anónimo (finales del s. XVI)

La canción que habéis dicho, dicha está. Señora, gracia y mercedes.

La canción que habéis dicho, la canción que habéis dicho, en mi corazón la tengo escrita, dicha está. Señora, gracia y mercedes.

La canción que habéis cantado, la canción que habéis cantado, en mi corazón la tengo puesta, dicha está. Señora, gracia y mercedes.

_Los vientos eran contrarios…

Los vientos eran contrarios, la luna estaba crecida, los peces daban gemidos por el mal tiempo que hacía, cuando el rey don Rodrigo junto a la Cava dormía, dentro de una rica tienda de oro bien guarnecida. Trescientas cuerdas de plata que la tienda sostenían, dentro había doncellas vestidas a maravilla; las cincuenta están tañendo con muy extraña armonía, las cincuenta están cantando con muy dulce melodía.

Allí hablara una doncella que Fortuna se decía: ‘Si duermes, rey don Rodrigo, despierta por cortesía, y verás tus malos hados, tu peor postrimería, y verás tus gentes muertas y tu batalla rompida, y tus villas y ciudades destruidas en un día: tus castillos, fortalezas, otro señor los regía. Si me pides quién lo ha hecho yo muy bien te lo diría: ese conde don Julián por amores de su hija, porque se la deshonraste y más de ella no tenía. Juramento viene echando que te ha de costar la vida.’

Despertó muy congojado con aquella voz que oía; con cara triste y penosa de esta suerte respondía: ‘Mercedes a ti, Fortuna, de esta tu mensajería.’

Estando en esto allegó uno que nuevas traía: como el conde don Julián las tierras le destruía._

«No puedo dormir sola, no…»

Anónimo (a. 1429)

No puedo dormir sola, no. ¿Qué haré, desdichada, si no se me pasa? ¡Tanto me atormenta el amor!

¡Ay amigo, dulce amigo! Esta noche soñé contigo. ¿Qué haré, desdichada?

Esta noche soñé contigo, que en la cama estabas conmigo. ¿Qué haré desdichada?

¡Ay amado, mi dulce amado! Anoche contigo he soñado. ¿Qué haré, desdichada?

Anoche contigo he soñado, que te tuve bien abrazado. ¿Qué haré, desdichada?

«¡O_h, oh, oh, gran maravilla_…! »

Anónimo ( finales s. xv)

¡Oh, oh, oh, gran maravilla!

Gran maravilla esta noche: una virgen ha parido, y sigue siendo doncella.

Maravilla de José, que aún con tan enorme giba bien que juega a la escampilla.

Maravilla, ciertamente: que barquillos y pimientos me han hecho jugar gonela.

Ahora,señores, escuchen, os ruego que no os durmáis, que algo os diré muy hermoso:

con butifarras, hermanos, buenas leches y riñones, ¡qué bien canta la paella!

Poesía anónima de los siglos de oro

Primero es abrazalla y retozalla, y con besos un rato entretenella. Primero es provocalla y encendella, después luchar con ella y derriballa.

Primero es porfiar y arregazalla, poniendo piernas entre piernas della. Primero es acabar esto con ella, después viene el deleite de gozalla.

No hacer, como acostumbran los casados, más de llegar y hallarla aparejada, de puro dulce, creo, da dentera.

Han de ser los contentos deseados; si no, no dan placer ni valen nada; que no hay quien lo barato comprar quiera.

Soñaba una doncella que dormía…

Soñaba una doncella que dormía con un galán que amaba tiernamente, y que en él todo andaba diligente y descuido ninguno no tenía.

Ella, aunque mal, al fín, se resistía, diciendo:“¿Qué dirá de mí la gente?”, en efecto cumplíó con su accidente, dando los dos remate a su porfía.

El galán la besaba y la abrazaba con más calor que un encendido leño; lo dulce a derramar no comenzaba,

cuando de despertó, y le dijo al sueño: “¿Durar un poco más, qué te costaba, pues para mí era gusto no pequeño?”

Tres noches

Anónimo (siglo x)

Junto al camino de Chikuzen, una cabaña abandonada. Tres noches he dormido en ella. La primera noche soñé que tú dormías conmigo. La segunda noche soñé que nos bañábamos juntos en la bahía de Akashi. La tercera noche soñé que dormía viejo y solo en una cabaña abandonada junto al camino de Chikuzen.

Villancico anónimo

Tres morillas me enamoran en Jaén, Axa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas iban a coger olivas, y hallábanlas cogidas en Jaén, Axa y Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas, y tornaban desmaídas y las colores perdidas en Jaén, Axa y Fátima y Marién.

Tres moricas tan lozanas, tres moricas tan lozanas, iban a coger manzanas a Jaén, Axa y Fátima y Marién.