Carbunclos

Carbunclos

No enflorará tu nombre un verso vano ni entre lo cotidiano irás perdida. Un varonil silencio. Un goce arcano. Y por mi pensamiento soberano hacer más honda y más sensual tu vida.

Ah, cómo en el amor estás ardida: se va entreabriendo el alhelí de un beso en tu boca, de múrice teñida, y desnuda y nevada tu carne a mi deleite fue ofrendada.

¿Qué jardín se te inunda si me lloras? ¿Mi amor no es la clepsidra de tus horas? En tus labios no miela el colibrí: ¿la vida junto a mí no es más ensueño, más tragedia la vida junto a ti?

Cuán lindo el pie tan ágil y pequeño… Ya en la propicia oscuridad, desnuda, tu carne tiembla y lánguida me oprime: doliente y zaraheño, grita mi corazón: “¡Si está desnuda!”

Cuán lindo el pie, tan ágil y sedeño, cuán tibio el muslo… Ah, dueña de tu dueño: el amor fue mi parte dispensada en el festín de sombras de la nada…

Hoy quiero solazarme en tu ternura como en las auras que embalsama el heno la noche del sahumerio montesino. ¡Un beso a tu varón, mi hembra impura! Dormir después en tu redondo seno, tu seno blanco de ápice azulino…