El hijo de mi amor, mi único hijo, lo engendré sin mujer y es hijo mío; me escribe a la distancia: estoy tan triste; me faltas tú. Te miro en el esfuerzo por mí, por ti, por el retorno del polluelo a su sombra familiar, no tengo un pan ni un techo que me cubra; hoy habito en los muros de la mar…
¿Mi nombre? Tengo muchos: canción, locura, anhelo. ¿Mi acción? Vi un ave hender la tarde, hender el cielo… Busqué su huella y sonreí llorando, y el tiempo fue mis ímpetus dominando.
¿La síntesis? No se supo: un día fecundaré la era donde me sembrarán. Don Nadie. Un hombre. Un loco. Nada.
Una sombra inquietante y pasajera. Un odio. Un grito. Nada. Nada.
¡Oh desprecio, oh rencor, oh furia, oh rabia! La vida está de soles diademada…