Lima es como un lienzo lleno de colores que arrulla mis horas ayunas de amores…
Todas las mañanas nacía de una ojera, limpiaba las cúpulas con albo pañuelo, y se dibujaba un poco azulina sobre el escarlata límpido del cielo.
A veces lloraba tiernamente ungida por constelaciones de finos diamantes. Recogía colores con delicadeza, y con el del cielo, plasmaba en hermoso cuadro a la tristeza.
Sus horas pintadas, galas de donceles, eran como un bello trotar de pinceles.
Pero sobre todas las amables horas, ¡oh, sus deliciosas horas pecadoras! muerte y vida juntas, dentro de un temblor; azules delirios, fiebres tentadoras, ¡que hacen de la vida la ley del amor!