No tardaré, no llores...

No tardaré, no llores…

No tardaré. No llores. Yo para ti he cogido del áspero romero azules flores; las aves en su nido; cristales en las grutas; las mariposas en su vuelo incierto; y de los viejos árboles del huerto las sazonadas frutas. Y he aprendido las lánguidas querellas que cantan al bajar de la montaña los grupos de doncellas; y la conseja extraña que, mientras silba ronco el viento en la vetusta chimenea, cuenta alrededor del encendido tronco el viejo de la aldea.

Nocturno

¡Oh!, ¡que gran corazón el corazón del campo en esta noche azul y pura y reverente, todo lleno de amor y de piedad sagrada y fuerza suficiente!

Yo le escucho latir y comprendo mi vida: me parece tan clara, tan profunda, tan simple, y tiene como el mar y el monte puro su raíz en el tiempo sumergida…

Yo le siento latir, y una onda inefable y cordial y vital me reconforta, y no pienso que soy un barro deleznable, y que la brega es dura y corta.

Toda inquietud es vana; la desazón soporta -me está diciendo a voces un amigo interior- El minuto es florido, sonoro y halagüeño, el corazón del campo te dará su vigor para entrar en el último sueño…

Nueva canción de la vida profunda

Te me vas, torcaza rendida, juventud dulce, dulcemente desfallecida: ¡te me vas! Tiembla en tus embriagueces el dolor de la vida. -¿Y nada más? -Y un poco más…

La mujer y la gloria, con puños ternezuelos, llamaron quedamente a mi alma infantil. ¡Oh, los primarios ímpetus! ¡Los matinales vuelos! Tuve una novia… Me parece que fue en Abril…

Yo miraba el crepúsculo y creía que “eso” era el crepúsculo: ¡sí, tácita en la noche, la estrella está detrás! El Numen de Colombia me dio una rosa bella, mas yo perdí el crepúsculo y codicié la estrella… -¿Y nada más? -Y un poco más…

Y escuché que cantaban su canción de ambrosía Pisinoe en la onda y en la onda Aglaopea: el mundo, como un cóncavo diamante, parecía henchido hasta los bordes por la amorosa idea.

¡Fue entonces cuando advino Evanaam, el dulce amigo de mi alma, que no volvió jamás! Yo amaba solamente su amistad dulce… -¿Y nada más? -Y un poco más…

¡Y luego… ser el árbitro de mi torpe destino, actor en mis tragedias, verdugo de mi honor! Mi lira tiene un trémolo de caracol marino, y entre el dolor humano yo expreso otro dolor.

No te vas, torcaza rendida, juventud dulce, dulcemente desfallecida, ¡no te vas! Quiero apurar el íntimo deleite de la vida… -¿Y nada más? -Y un poco más…