¡Oh!, ¡que gran corazón el corazón del campo en esta noche azul y pura y reverente, todo lleno de amor y de piedad sagrada y fuerza suficiente!
Yo le escucho latir y comprendo mi vida: me parece tan clara, tan profunda, tan simple, y tiene como el mar y el monte puro su raíz en el tiempo sumergida…
Yo le siento latir, y una onda inefable y cordial y vital me reconforta, y no pienso que soy un barro deleznable, y que la brega es dura y corta.
Toda inquietud es vana; la desazón soporta -me está diciendo a voces un amigo interior- El minuto es florido, sonoro y halagüeño, el corazón del campo te dará su vigor para entrar en el último sueño…