Nueva canción de la vida profunda

Nueva canción de la vida profunda

Te me vas, torcaza rendida, juventud dulce, dulcemente desfallecida: ¡te me vas! Tiembla en tus embriagueces el dolor de la vida. -¿Y nada más? -Y un poco más…

La mujer y la gloria, con puños ternezuelos, llamaron quedamente a mi alma infantil. ¡Oh, los primarios ímpetus! ¡Los matinales vuelos! Tuve una novia… Me parece que fue en Abril…

Yo miraba el crepúsculo y creía que “eso” era el crepúsculo: ¡sí, tácita en la noche, la estrella está detrás! El Numen de Colombia me dio una rosa bella, mas yo perdí el crepúsculo y codicié la estrella… -¿Y nada más? -Y un poco más…

Y escuché que cantaban su canción de ambrosía Pisinoe en la onda y en la onda Aglaopea: el mundo, como un cóncavo diamante, parecía henchido hasta los bordes por la amorosa idea.

¡Fue entonces cuando advino Evanaam, el dulce amigo de mi alma, que no volvió jamás! Yo amaba solamente su amistad dulce… -¿Y nada más? -Y un poco más…

¡Y luego… ser el árbitro de mi torpe destino, actor en mis tragedias, verdugo de mi honor! Mi lira tiene un trémolo de caracol marino, y entre el dolor humano yo expreso otro dolor.

No te vas, torcaza rendida, juventud dulce, dulcemente desfallecida, ¡no te vas! Quiero apurar el íntimo deleite de la vida… -¿Y nada más? -Y un poco más…

El aire es tierno, lácteo, da dulzura. Miro en la luz vernal arder las rosas y gozo de su efímera ventura… ¡Cuántas no se abrirán, aun más hermosas!

Estos que vi de niños, han trocado en ardor sus anhelos inocentes, y se enlazan y ruedan por el prado… ¡Cuántos no se amarán, aun más ardientes!

La tarde está muriendo, y el marino soplo rasga sus velos y sus tules, franjados por el ámbar ponentino… ¡Cuántas no brillarán, aun más azules!

Tralarí lará larí tralará larí lará…

Al amor el alma, vaso de ternuras; al carmín del día, la alondra solar; luz de estrellas claras a las liras puras, armonium e incienso al altar…

Ya mi afán extraño, de equívoco anhelo, a mi ronca y triste desesperación: ¿Un laurel andrógino? ¿La piedad de un velo? ¿O el cárabo loco de mi corazón?

Tralarí larí lará tralará lará larí…

Con pavor mi carne ruge sus locuras. Mi alma en ese rugir va. De tantos rugidos en noches oscuras no oigo nada… nada… Tralarí lará… Y me abrazo en llamas de lúgubre anhelo, en una gozosa desesperación… Mas un día… ¡un día llegaré hasta el cielo con las llamaradas de mi corazón!

Con mi ensueño de brumas, con tu claro rubí, ¡oh tarde!, estoy en ti y estás en mí, por milagrosa e íntima fusión… Antes del gran silencio de las estrellas, di: ¿de qué divina mente formamos la ilusión?

¡Por mi ensueño de brumas, por tu claro rubí, ¡oh tarde muda y bella!, gime mi corazón.