Tralarí lará larí tralará larí lará…
Al amor el alma, vaso de ternuras; al carmín del día, la alondra solar; luz de estrellas claras a las liras puras, armonium e incienso al altar…
Ya mi afán extraño, de equívoco anhelo, a mi ronca y triste desesperación: ¿Un laurel andrógino? ¿La piedad de un velo? ¿O el cárabo loco de mi corazón?
Tralarí larí lará tralará lará larí…
Con pavor mi carne ruge sus locuras. Mi alma en ese rugir va. De tantos rugidos en noches oscuras no oigo nada… nada… Tralarí lará… Y me abrazo en llamas de lúgubre anhelo, en una gozosa desesperación… Mas un día… ¡un día llegaré hasta el cielo con las llamaradas de mi corazón!
Con mi ensueño de brumas, con tu claro rubí, ¡oh tarde!, estoy en ti y estás en mí, por milagrosa e íntima fusión… Antes del gran silencio de las estrellas, di: ¿de qué divina mente formamos la ilusión?
¡Por mi ensueño de brumas, por tu claro rubí, ¡oh tarde muda y bella!, gime mi corazón.