El pozo, el pozo

El pozo, el pozo

La enramada más honda es esa verja donde te subes para mirar que ando descalza que ordenando voy algunos pensamientos a flor de piel, que sólo llevo puesto ojos ausentes y la ropa tirada junto a un pozo donde antes tú me has amado y antes de haberme amado yo sabía que lo harías de tu pecho expuesto al mío.

¿Cuántas algas vuelven a convertirse en roce arenas si los orígenes del mundo quedan atrapados en tus ojos y es verdad la sal de la tierra como también es lo de la miel hilándome la boca? Toda joya con engarce es un nido ardiendo pero que asilvestrado conoce el marino punto donde aparecen olas para sofocar el instante cuando los espejos chocan en pleno vuelo chocan sin romperse pero sí el aire que ha perdido esencia ante nuestro único cuerpo.

Debes acordarte siempre de enramada, pozo, espejo algas, brocal de haberte amado y yo olvidar sabiduría, poema, que no valen para nada si me has rodeado de tu fuerza igual que decides mi cuerpo más esbelto a pesar de los años que no sólo pasea la mujer por dentro sino la mujer de luna bien entrada en lugar creciente. De “Pasión inédita”