Llega una carta y rompe abre la mañana en mis verdes ojos. Ha llegado después del cántaro de leche de la cesta con higos y otra sombra que cruzó con oveja merendera y juncos recién cortados el portal de mi casa todavía en la frescura del valle.
Deseando que buscara el sol la ventana, el beso dice: Te imagino quieta es tan hermoso el existir ofreciendo tempranura al mundo espesada en el lecho porque no estoy ahí Mira que sin estarlo sé cómo andas de transparencia y fruta, cómo endulzas ya tu amanecida en la boca y sé que en tu costura va este poema escrito en el instante que relees mi carta, tan firme como mueves el brazo que yo amo el café que sorbes pero te equivocas que estoy bebiéndome aquí insistencia de tu mirada contra la distancia quiébrala y sigue.
Ah, la distancia y su isla es el lugar más oculto que el amante ofrece cautivo con su cuerpo y beso en tierra. La distancia es una charca cercada de pasto amarillo y antiguo que ahora mismo se la regalo al mundo con la belleza primera de los siglos. La distancia es no morir de sed sino de bebiéndola vivirte si madruga el amor en el verde cristal los abiertos brazos que se han puesto a trabajar deprisa con el rayo de sol, la carta, aquí el beso y ya te alcanz0. Sabes que te alcanzo mientras tenga silencio de amarte, no en papel en sábana bordada con una estrella y su número pegado a los otoños Mañana es siempre planeando sobre mi casa todavía en la frescura del valle. De “Pasión inédita”