Vas a hacer un libro Como tu cuerpo enjaulado -dices. ¿Dónde dejas el alma? En tu cuerpo -repites. ¿Dónde alma y cuerpo que mueves saben apoderarse de un verso?
Acabo de apagar la luz de la respuesta. Aparece mi celda. Está dentro la luna. El pinar se extiende en tu pecho y voy cortando alguna rama, piña. Viene tu perfil en el mío que tiembla.
No me hables de pecado a oscuras, no existe, no se da en la tierra no aparece libro que lo invente ni Dios que lo repugne, es más, l0 comparte, mira que acaba de enviarnos su océano nocturno y la luna.
En la asfixia… enciendes. Yo el pinar oscuro Tú mi jaula clara. En el centro Dios aprende el fuego de la tierra.
Vas a hacer un libro cargado de árboles frutales -dices. Imposible. Vuelve a la cita de Lope que lo abre. El látigo en el templo no es de Dios sino mío por una pérdida de antigua voz y boca.
No lo creo. Tú no vives de hacer escritura. Es de vivir de quien escribes. Sí, imantada. Pase la luna y escriba. Pase la luna y cuente lo que ha visto en una celda de amor. En el centro Dios se acerca al riesgo de la tierra.
De “Pasión inédita”