¿Qué lana, qué madeja suave entre dedos quieres? ¿Qué lana, qué madeja, qué rincón de sal, qué hilo, qué hoyo de mí a tu ser se parezca tanto a lo presente?
Y estoy llenando espacios gota a gota de agua en la cuchara, y fijo mis oídos atravesándote sin cambiar dos telas, la pieza de costal con el marfil: madeja y lana despacísimo.
Brazos fuertes, amor, que se repite la palabra, amor, que yo he sentido la era de tu madre, y la cama cerebral del mundo; que mi humanidad lo es con el cartón ese poquito mejor de alma ciega, que yo aguanto tu castillo cerrado si estás dentro, que no estudies a un espíritu vivo, que seas conmigo y te lo lleves, que llueve, que esta lengua no vale para crear, que creas y sólo la vida ahí tendrá su alivio para su envidia.
De “El barco de agua” 1974