Apólogo de la perfección

Apólogo de la perfección

Cuando la creación estaba recién nacida y las estrellas brillaban, unánimes, con su primer esplendor virginal, los dioses se reunieron sobre el cielo en dichosa asamblea y cantaron: “¡Oh, espejo de la perfección! ¡Oh, júbilo sin sombra! “ Mas uno de los dioses exclamó de pronto: “Parece que hay en alguna parte un vacío en esta cadena de claridad y que una de las estrellas se ha perdido.” La melodía de oro de las arpas se calló; el canto se detuvo y los dioses clamaron desolados: “Es verdad, y era la más bella esa estrella perdida. ¡Era la gloria y diamante sumo de los cielos!” Desde aquel día la buscan sin cesar y de uno a otro este lamento se trasmite: “¡Con esa estrella el mundo ha perdido su alegría! “ Entre tanto, en el profundo silencio de la noche, las estrellas sonríen y murmuran entre sí: “¡Vana es la búsqueda: la perfección sin pausa reina doquier!”