El dueño

El dueño

El mundo te pertenece ahora, y por siempre jamás. Y porque nada puedes desear, oh Rey mío, tampoco puedes hallar placer en tus riquezas. Y para ti, ellas son como si no existieran. Por esto, en el transcurso lento de los días me das lentamente lo tuyo, para luego, sin término, reconquistar en mí tu reino. Día tras día, tu sol se alza a través de mi corazón, y te amas en mí, y te reflejas en esta imagen tuya que es mi vida.