Vino a sentarse a mi lado y no me desperté. ¡Maldito sea mi sueño! Vino entre la noche apacible con su arpa en la mano y mis sueños se llenaron de música. ¡Ay!, he perdido mis noches y mis noches: ¡porque aquel cuyo aliento roza mi sueño, escapa siempre a mis ojos!