La soledad III

La soledad III

¿Vendrá? Puede que venga. Lo dice en esta carta que aquí llevo. Se está yendo el verano… Y llueve. Las patatas… ¡cuántas ya se han podrido! Los tomates se hincharon de tal modo que rodaron por tierra, derramándose. La fruta se acabó. Nunca los pájaros comieron más duraznos y ciruelas. Las acelgas… ¡Qué viejas y amarillas están ya! ¡Qué buen tonto sería si plantara de nuevo más lechugas! Las gallinas cloquean por los muertos sembrados. La lluvia ha enverdecido el banco de la casa. La cocina está negra de hollín… Miro las sillas… Una está sin usar… la otra ya tiene partido un palo… El suelo cruje sucio de tierra. En un rincón, la escoba se aburre. Hace ya un mes que no lavo las sábanas… Tan sólo, enganchada de un clavo del muro de la alcoba, sigue la nueva colcha de los pájaros. Llega el otoño ya. Mi mujer no ha venido. Yo no la conocía… No la conocí nunca. Era joven. Lo sé. Unos veintidós años… Aquí tengo su carta… Yo he cumplido sesenta… El polvo… El calor… Tal vez tantos kilómetros… ¡Vaya usted a saber!