Lloraba recio, golpeando, oscuro, las humanas paredes sin salida. Para marcarlo de una sacudida, Lo esperaba la luz fuera del muro.
Grito en la entraña que lo hincó, futuro, Desventuradamente y resistida Por la misma cerrada, abierta herida Que ha de exponerlo al primer golpe duro.
¡Qué desconsolación y qué ventura! Monstruo batido en sangre, descuajado De la cueva carnal del sufrimiento.
Mama la luz y agótala, criatura, Tabícala en tu ser iluminado, Que mamas con la leche el pensamiento.