Soñarte, amor, soñarte como entonces, ante aquellas dianas desceñidas, aquellas diosas de robustos pechos y el viento impune entre las libres piernas.
Tú eras lo mismo, amor. Todas las Gracias. igual que tres veranos encendidos, el levantado hervor de las bacantes, la carrera bullente de las ninfas, esa maciza flor de la belleza redonda y clara, poderosamente en ti se abría, en ti también se alzaba.
Soñarte como entonces, sí, soñarte ante aquellas fundidas alamedas, jardín de Amor en donde la ancha Venus, muslos dorados, vientre pensativo, se baña en el concierto de la tarde.
Soñarte, amor, soñarte, oh, sí, soñarte la idéntica de entonces, la surgida, del mar y aquellos bosques, reviviendo en ti el amor henchido, sano y fuerte de las antiguas diosas terrenales.