A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra. Me levanto de no sé qué guaridas, fulmíneo, entre los dientes una espada de filos amargos, una triste espada que tú bien, mi pobre amor, conoces. Son los días oscuros de la furia, las horas del despiadado despertar, queriéndote en medio de las lágrimas subidas del más injusto y dulce desconsuelo. Yo sé, mi amor, de dónde esas tinieblas vienen a mí, ciñéndote, apretándome hasta hacerlas caer sobre tus hombros y doblarlos, deshechos como un río. ¿Qué quieres tú, si a veces, amor mío, así soy, cuando en las imborrables piedras pasadas, ciego, me destrozo y batallo por romperlas, por verte libre y sola en la luz mía? Vencido siempre, aniquilado siempre, vuelvo a la calma, amor, a la serena felicidad, hasta ese oscuro instante en que de nuevo bajo a mis guaridas para erguirme otra vez tu ángel de sombra.
Sabes tanto de mí, que yo mismo quisiera…
Sabes tanto de mí, que yo mismo quisiera repetir con tus labios mi propia poesía, elegir un pasaje de mi vida primera: un cometa en la playa, peinado por Sofía.
No tengo que esperar ni que decirte espera a ver en la memoria de la melancolía, los pinares de Ibiza, la escondida trinchera, el lento amanecer sin que llegara el día.
Y luego amor, y luego, ver que la vida avanza plena de abiertos años y plena de colores, sin final, no cerrada al sol por ningún muro.
Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza, que los años en mí no son hojas, son flores, que nunca soy pasado, sino siempre futuro.
Sixtina
Tú mi vida, esta noche me has borrado del corazón y hasta del pensamiento, y tal vez, sin saberlo, me has negado dándome por perdido ya en el viento. Más luego, vida, vi cómo llorabas, entre mis brazos y que me besabas.
Soneto
Oh tú mi amor, la de subidos senos en punta de rubíes levantados los más firmes, pulidos, deseados, llenos de luz y de penumbra llenos.
Hermosos, dulces, mágicos, serenos o en la batalla erguidos, agitados, o ya en juegos de puro amor besados, gráciles corzas de dormir morenos.
Oh tú mi amor, el esmerado estilo de tu gran hermosura que en sigilo casi muriendo alabo a toda hora.
Oh tú mi amor, yo canto la armonía de tus perfectos senos la alegría al ver que se me abren cada aurora.
Subes del mar, entras del mar ahora…
Subes del mar, entras del mar ahora. Mis labios sueñan ya con tus sabores. Me beberé tus algas, los licores de tu más escondida, ardiente flora.
Conmigo no podrá la lenta aurora, pues me hallará prendido a tus alcores, resbalando por dulces corredores a ese abismo sin fin que me devora.
Ya estás del mar aquí, flor sacudida, estrella revolcada, descendida espuma seminal de mis desvelos.
Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta, éntrate toda entera en mi garganta, y para siempre vuélame a tus cielos.
Te digo adiós, amor, y no estoy triste…
Te digo adiós, amor, y no estoy triste. Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado, un solo beso lento y prolongado que se truncó en dolor cuando partiste.
No supiste entender, no comprendiste que era un amor final, desesperado, ni intentaste arrancarme de tu lado cuando con duro corazón me heriste.
Lloré tanto aquel día que no quiero pensar que el mismo sufrimiento espero cada vez que en tu vida reaparece
ese amor que al negarlo te ilumina. Tu luz es él cuando mi luz decrece, tu solo amor cuando mi amor declina.
Tirteo
¿Qué tienes, dime, Musa de mis cuarenta años? -Nostalgias de la tierra, de la mar y del colegio…
Un papel desvelado en su blancura…
Un papel desvelado en su blancura. La hoja blanca de un álamo intachable. El revés de un jazmín insobornable. Una azucena virgen de escritura.
El albo viso de una córnea pura. La piel del agua impúber e impecable. El dorso de una estrella invulnerable Sobre lo opuesto a una paloma oscura.
Lo blanco a lo más blanco desafía. Se asesinan de cal los carmesíes Y el pelo rubio de la luz es cano.
Nada se atreve a desdecir el día. Mas todo se me mancha de alhelíes Por la movida nieve de una mano.
Ven
Ven, mi amor, en la tarde de Aniene y siéntate conmigo a ver el viento. Aunque no estés, mi solo pensamiento es ver contigo el viento que va y viene.
Tú no te vas, porque mi amor te tiene. Yo no me iré, pues junto a ti me siento más vida de mi sangre, más tu aliento, más luz del corazón que me sostiene.
Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras. Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aún yéndote, mi amor, jamás te irías.
Es tuya mi canción, en ella estoy. Y en ese viento que va y viene voy, y en ese viento siempre me verías.
Ven. Ven. Así. Te beso…
Ven. Ven. Así. Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad, abierta, negra, oculta derramada golondrina, oh tan azul, de negra, palpitante. Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos, piel de rosa o corales delicados, tan finos. Así, así, absorbidos, más y más, succionados. Así, por todo el tiempo. Muy de allá, de lo hondo, dulces ungüentos desprendidos, amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados. Mi único, mi solo, solitario alimento, mi húmedo, lloviznado en mi boca, resbalado en mi ser. Amor. Mi amor. Ay, ay. Me dueles. Me lastimas. Ráspame, límame, jadéame tú a mí, comienza y recomienza, con dientes y garganta, muriendo, agonizando, nuevamente volviendo, falleciendo otra vez, así por siempre, para siempre, en lo oscuro, quemante oscuridad, uncida noche, amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente.
Vuela la noche antigua de erecciones…
Vuela la noche antigua de erecciones, Muertas, como las manos, a la aurora. Un clavel prolongado desmejora, Hasta empalidecerlos, los limones.
Contra lo oscuro cimbran esquilones, Y émbolos de una azul desnatadora Mueven entre la sangre batidora Un vertido rodar de cangilones.
Cuando el cielo se arranca su armadura Y en un errante nido de basura Le grita un ojo al sol recién abierto.
Futuro en las entrañas sueña el trigo, Llamando al hombre para ser testigo… Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.