Vuela la noche antigua de erecciones, Muertas, como las manos, a la aurora. Un clavel prolongado desmejora, Hasta empalidecerlos, los limones.
Contra lo oscuro cimbran esquilones, Y émbolos de una azul desnatadora Mueven entre la sangre batidora Un vertido rodar de cangilones.
Cuando el cielo se arranca su armadura Y en un errante nido de basura Le grita un ojo al sol recién abierto.
Futuro en las entrañas sueña el trigo, Llamando al hombre para ser testigo… Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.