Bet Ciertamente, alma mía, que otro que yo, no podría comprenderte...

Bet Ciertamente, alma mía, que otro que yo, no podría comprenderte…

porque eres enorme como una gran ciudad. Y eres como una nave para los marinos, y como un arado para los trabajadores de la tierra; y como un velo para las mujeres. También como un vaso para el bebedor. Semejante al mercader astuto, que a cada uno muestra lo que ha de agradarle, así sabes hacer: y así te exhibes, abrumada de dones. Pero luego, cuando la turba se dispersa, sabes ser, ¡oh alma!, mi alma, verdaderamente mía.