y se duelen de verme hacer lo que ellos no osarían con su alma pequeña; pero los que saben, no comparten sus temores. Como se ve a un atleta soportar grandes pesos con complacencia y a un juglar caminar sobre el fuego, así me ven agitarme entre la multitud; sus ojos han visto en mis labios una sonrisa astuta. Y al ver que me abandono a los demás, seguro y diestro como el que se lanza a un abismo, suspendido por la cintura, dicen admirados: «¡Oh qué alma verdaderamente maravillosa!».