Soneto

Soneto

Bebiéndome la dulce primavera me sorprendió la tarde junto al río y pude contemplar a mi albedrío el idilio del agua y la palmera.

Me zambullí desnudo en la pecera buscando un corazón igual que el mío, y no encontré ni un faro ni un navío que me hiciera señales de bandera.

La noche iba saltando por la orilla y puso en mi cabeza despeinada el filo verde-azul de su cuchilla.

Mas cuando ya se ahogaba mi fortuna, quiso el viento mandarle a mi jugada el blanco salvavidas de la luna.