Triniá

Triniá

1 Al Museo de Sevilla iba a diario Juan Miguel a copiar la maravillas de Murillo y Rafael. Y por las tardes, como una rosa de los jardines que hay en la entrá, pintaba a Trini, pura y hermosa, como si fuera la Inmaculá. Y decía el chavalillo: «Pa que voy a entrar ahí, si es la Virgen de Murillo la que tengo frente a mí».

Triniá, mi Triniá, la de la Puerta Real, carita de nazarena, con la Virgen Macarena yo te tengo compará; algo tu vida envenena, qué tienes en la mirá que no me pareces buena, Triniá, mi Trini, ay… mi Triniá.

2 El Museo sevillano un mal día visitó un banquero americano que de Trini se prendó. Y con el brillo de los diamantes la sevillana quedó cegá y entre los brazos de aquel amante huyó de España la Triniá. Y ante el cuadro no acabao así decía el pintor: «Tú me has hecho desgraciao, sin ti qué voy a hacer yo».

Triniá, mi Triniá, la de la Puerta Real, carita de nazarena, con la Virgen Macarena yo te tengo compará; algo tu vida envenena, qué tienes en la mirá que no me pareces buena, Triniá, mi Trini, ¡ay!… mi Triniá.