De buen amar se vuelve magullado y hambriento, con sabor en la lengua a carne cruda.
El suelo se amortigua, los caminos convergen, silba el aire.
Agradecido así, con sonrisa imantada por el impulso mismo que iza al árbol al sol, tarareando:
no puedo amarte más, no soy tan físico.
De “Nos han dejado solos” Pre-textos, 2009