Al alba, con el sol, la humareda subía de la tierra como el vaho de un horno. Carlos Martínez Rivas
Desde las mantas, como el vaho de un horno, sube su aliento rancio en la mañana:
huele a barro el regusto lechoso y fermentado de su sueño en la boca.
Con hilillo de baba seca en la comisura de sus labios
y un sudor aceitoso surcándole la piel. Las greñas enredadas.
(¿No desean lamerla, retozarse con ella como serpientes entre hierbas altas?)
Así la quiero yo: hedionda, envuelta en la placenta de los días; presta para nacer entre mis brazos con las primeras gotas de una luz que la persiana filtre macerando sus ojos.
Así. Pura mujer. Sin trampas. Pestilente. Fluvial. Inmaculada. De “El vino de los amantes” Hiperión 2001