Como el dedo que pasa sobre la superficie polvorienta del mueble abandonado y deja un surco brillante que acentúa la tristeza de lo que ya está al margen de la vida, de lo que sigue vivo y ya no puede participar de nuevo, ni aun con esa pasiva y tan sencilla manera de estar limpio allí, dispuesto a servir para algo; como el dedo que traza un vago signo, ajeno a todo significado, sólo llevado por la inercia del impulso gratuito y que deja constancia así en el polvo de un inútil acto de voluntad, así, con esa dejadez, inconsciencia casi, siento que alguien me pasa por la vida, alguien que, mientras piensa en otra cosa, traza conmigo un surco, se entretiene en dibujar un signo incomprensible que el tiempo borrará calladamente, que recuperará de nuevo el polvo aún antes de que pueda interpretarse su cifrado sentido, si es que tuvo sentido, si es que tuvo razón de ser tan pasajera huella.