Debajo del limonero, la niña a mí me decía: -Te quiero.
Y yo me puse a pensar que era mejor la corteza. Tiré las migas de pan.
Debajo del limonero la niña me dio su beso primero. Y juntos vimos caer los limones por el suelo, cerca del amanecer.
Debajo del limonero, la niña me dijo un día: -Me muero.
Y ya no sé adónde ir , que el limonar me recuerda la gracia de su perfil.