En esta frente, Dios, en esta frente hubo un clamor de carne rumorosa y aquí, en esta oquedad, se abrió la rosa de una fugaz mejilla adolescente.
Aquí el pecho sutil dio su naciente gracia de flor incierta y venturosa, y aquí surgió la mano, deliciosa primicia de este brazo inexistente.
Aquí el cuello de garza sostenía la alada soledad de la cabeza, y aquí el cabello undoso se vertía.
Y aquí, en redonda y cálida pereza, el cauce de la pierna se extendía para hallar por el pie la ligereza.