La tarde gris es un ensueño… Apenas si se nota la brisa, si se siente que llueve delicada, suavemente sobre rosas, claveles y azucenas.
Qué tranquilo el ramaje, qué serenas las nubes lentas, leves del poniente… OH, caricia de Dios, tibia y silente, derramada en el aire y en mis venas.
A ti te sueño, Concepción, te evoco en esta tarde de templada calma, donde faltan la luz y tu sonrisa, y, en la dulzura de la tarde, toco la pureza celeste de tu alma, que llega con la lluvia y con la brisa.