Los no amados

Los no amados

Qué soledad del cuerpo; qué soledad del alma; qué vacío en los ojos; qué vacío en la sangre. Nadie escucha su pena ni su cálido aliento, rosa ardiente en el aire.

Sus bocas para el beso, rojas de amor se abren; sus frentes buscan manos, amorosas caricias de algún cielo distante.

Sus manos alzan dulces, llenas de sombra, amantes; las levantan temblando como tristes fantasmas, amarillas de amor, rosas muertas, al aire; rosas ciegas que buscan a través de su noche la luz rosada y grande.

Alto vuelo de angustia, alta torre de sangre levantan estos hombres hacia un cielo impasible donde no habita nadie.