¡Oh, cómo florece mi cuerpo, desde cada vena, con más aroma, desde que te reconozco! Mira, ando más esbelto y más derecho, y tú tan sólo esperas… ¿pero quién eres tú?
Mira; yo siento cómo distancio, cómo pierdo lo antiguo, hoja tras hoja. Sólo tu sonrisa permanece como muchas estrellas sobre ti, y pronto también sobre mí.
A todo aquello que a través de mi infancia sin nombre aún refulge, como el agua, le voy a dar tu nombre en el altar que está encendido de tu pelo y rodeado, leve, con tus pechos.