Se halla con su amante Rosa a solas en un jardín, y ya a su empresa amorosa iba tocando a su fin, cuando ella entre la arboleda trasluce el grupo encantado en que, en cisne transformado, ama Júpiter a Leda; y encendida de rubor, viendo el grupo repugnante, se alza, rechaza al amante, y exclama huyendo: ¡Qué horror! Corrida del mal ejemplo, entra a rezar en un templo; mas al ver Rosa el ardor con que el altar mayor una Virgen de Murillo besa a un niño encantador, volvió en su pecho sencillo la llama a arder del amor. ¿Será una ley natural, como afirma no sé quién, que por contraste fatal lleva un mal ejemplo al bien y un ejemplo bueno al mal?