Rompe el tabique, trae a la ceguera el diálogo, tu música. Me llenas de otra luz esta carne donde penas, recuerdos van. Tú sigue, compañera,
cogida de mi mano. Me redime esa voz tan alzada de romero, de campo con simienza y caminero paso. Veo en tu verbo, creo. Dime
por qué este olor -¿es mayo?-, cómo ha sido. Habla o calla, mujer, pero a mi lado, pero a tu sombra, amor, pero a tu oído,
pero a tus brazos. Habla o calla, esposa, pero ahí. ¡No me sienta abandonado sobre la Tierra inmensa, silenciosa!