En el espejo mágico aparece toda mi vida, y bajo su misterio aquel amor lejano se florece como un arcángel en un cautiverio.
Llega por un camino nunca andado, ya no son sus verdades tenebrosas, desgarrada la sien, triste, aromado, llega por el camino de las rosas.
Vibró tan duro en contra de la suerte aquel viejo dolor, que aún se hace nuevo, está batido como el hierro fuerte, tiene la gracia noble de un mancebo.
Reza, alma triste, en su devota huella, los ecos de los muertos son sagrados, como dicen que alumbran las estrellas, alumbran los amores apagados.
Este amor tan lejano, ahora vestido de sombra de la tarde, en el sendero muestra como un arcángel, el sentido inmortal de la vida al pasajero.
Yo iba perdido por la selva oscura, sólo oía el quebrar de mi cadena, y vi encenderse con medrosa albura, en la selva, una luz de ánima en pena.
Tuve conciencia. Vi la sombra mía negra, sobre el camino de la muerte, y vi tu sombra blanca que decía su oración a los tigres de mi suerte.
Garrote vil
¡Tan ! ¡Tan! ¡Tan! Canta el martillo, el garrote alzando están, canta en el campo un cuclillo, y las estrellas se van al compás del estribillo con que repica el martillo: ¡Tan! ¡Tan! ¡Tan!
El patíbulo destaca trágico, nocturno y gris; la ronda de la petaca sigue a la ronda de anís, pica tabaco la faca y el patíbulo destaca sobre el alba flor de lis. Áspera copla remota que rasguea un guitarrón se escucha. Grito de jota del morapio peleón. El cabileño patriota canta la canción remota de las glorias de Aragón. Apicarada pelambre al pie del garrote vil se solaza muerta de hambre. Da vayas al alguacil y, con un rumor de enjambre, acoge hostil la pelambre a la hostil Guardia Civil. Un gitano vende churros al socaire de un corral, asoman flautistas burros las orejas al bardal y en el corro de baturros, el gitano de los churros beatifica al criminal. El reo espera en capilla, reza un clérigo en latín, llora una vela amarilla y el sentenciado da fin a la amarilla tortilla de yerbas. Fue a la capilla la cena del cafetín. Canta en la plaza el martillo, el verdugo gana el pan, un paño enluta el banquillo. Como el paño es catalán se está volviendo amarillo al son que canta el martillo: ¡Tan! ¡Tan! ¡Tan!
La rosa del reloj
Es la hora de los enigmas, cuando la tarde del verano, de las nubes mandó un milano sobre las palomas benignas. ¡Es la hora de los enigmas!
Es la hora de la paloma: sigue los vuelos la mirada de una niña. Tarde rosada, musical y divina coma. ¡Es la hora de la paloma!
Es la hora de la culebra: el diablo se arranca una cana, cae del árbol la manzana y el cristal de un sueño se quiebra. ¡Es la hora de la culebra!
Es la hora de la gallina: el cementerio tiene luces, se santiguan ante las cruces las beatas, el viento agorina. ¡Es la hora de la gallina!
Es la hora de la doncella: lágrimas, cartas y cantares, el aire pleno de azahares, la tarde azul, sólo una estrella. ¡Es la hora de la doncella !
Es la hora de la lechuza: descifra escrituras el viejo, se quiebra de pronto el espejo, sale la vieja con la alcuza. ¡Es la hora de la lechuza!
Es la hora de la raposa: ronda la calle una vihuela, porta la vieja a la mozuela Un anillo con una rosa. ¡Es la hora de la raposa!
Es la hora del alma en pena: una bruja en la encrucijada, con la oración excomulgada le pide al muerto su cadena ¡Es la hora del alma en pena!
Es la hora del. lubricán: acecha el mochuelo en el pino, el bandolero en el camino, y en el prostíbulo Satán. ¡Es la hora del lubricán!
Rosa de Belial
Soy aquel amante que nunca se muestra, muda en cada instante mi sombra siniestra.
Con el viento llego, y paso con él, soy rojo lostrego del Ángel Luzbel.
Mi sombra nocturna hace en ti guarida, mi larva soturna te goza dormida.
A tu lindo ceño llevo la obsesión, en tu blanco sueño soy la Tentación.
Soy aquel amante que la voz no nombra, mi sombra va errante en pos de tu sombra.
¡Turbulenta avispa que vuela en tu flor, soy la roja chispa del yunque de Thor!
De tu clara frente me oculto en el muro, como la serpiente del enigma oscuro.
Soy en tu conciencia la interrogación a la triste ciencia del rey Salomón.
Sobre tu blancura, paloma benigna, de mi mordedura dejaré el estigma.
El pecado encarna mi testa. El laurel del mundo es mi llama, soy luz de Luzbel.
Mi frente sañuda sostiene el abismo, el tiempo me muda, y soy siempre el mismo.
Cabalgo en el viento, con el viento voy, ya tu pensamiento mi forma le doy.
Profano lascivo tu virgen entraña, soy el negro chivo y tú mi montaña.
Apaga mi aliento tu roca de luz, está su cimiento sobre mi testuz.
Soy el negro dueño de la abracadabra, y trisca en tu sueño mi pata de cabra.
Como el enemigo en tu sueño estoy, te gozas conmigo… ¡Soy el que no Soy!
Rosa del sanatorio
Bajo la sensación del cloroformo me hacen temblar con alarido interno la luz de acuario de un jardín moderno, y el amarillo olor del yodoformo.
Cubista, futurista y estridente, por el caos febril de la modorra vuela la sensación, que al fin se borra, verde mosca, zumbándome en la frente.
pasa mis nervios, con gozoso frío, el arco de lunático violín; de un sí bemol el transparente pío
tiembla en la luz acuaria del jardín, y va mi barca por el ancho río que separa un confín de otro confín.
Rosa en Job
¡Todo hacia la muerte avanza de concierto, toda la vida es mudanza hasta ser muerto! ¡Quién vio por tierra rodado el almenar y tan alto levantado el muladar! ¡Mi existir se cambia y muda todo entero, como árbol que se desnuda en el enero! ¡Fueron mis goces auroras de alegrías, más fugaces que las horas de los días! ¡Y más que la lanzadera en el telar, y la alondra, tan ligera en el volar! ¡AIma, en tu recinto acoge al dolor, mmo la espiga en la troje el labrador! ¡Levántate, corazón, que estás muerto! ¡Esqueleto de león en el desierto! ¡Pide a la muerte posada, peregrino, como espiga que granada va al molino! ¡La vida!… Polvo en el viento volador. ¡Solo no muda el cimiento del dolor!
Rosa hiperbólica
Va la carreta bamboleante por el camino, sobre una foz, el can al flanco va jadeante, dentro de una sombra canta sin voz:
-Soñé laureles, no los espero, y tengo el alma libre de hiel. ¡No envidio nada, si no es dinero! ¡Ya no me llama ningún laurel! Pulsan las penas en la ventana, vienen de noche con su oración, más aún alegran en la mañana los gorriones de mi balcón. Echéme al mundo de un salto loco, fui peregrino sobre la mar , y en todas partes pecando un poco, dejé mi vida como un cantar. No tuve miedo, fui turbulento, miré en las almas como en la luz. Di mi palabra con mi alma al viento, como una espada llevo mi cruz. Yo marcho solo con mis leones y la certeza de ser quien soy. El diablo escucha mis oraciones. Canta mi pecho: ¡Mañana es hoy! Va la carreta bamboleante, por el camino, sobre una foz, el can al flanco va jadeante dentro una sombra canta sin voz.