fue la que siempre quisimos y faltó. el invernadero estaba junto al parque con sus cristales húmedos bajo el sol que entraba en la tarde, o en la mañana, a colorear sus plantas. yo me paseaba contigo de la mano -eras de estatura un poco más bajo que yo- y así alcanzaba a ver, desde esa altura, los tallos quebrados por mi madre que componía y podaba las macetas de bunganvillas. nunca entramos, éramos demasiado pequeños para invadir la zona de confianza de esos seres extraños que permanecían dentro. estábamos afuera. saltando con nuestra energía sin razón excluidos de la paciencia de las manos de mi madre pero es allí donde quisiera vivir… en el lugar inexacto de una foto que falta para que no imites otra vez, o intente imitar el ser que soy. el paisaje prohibido donde pondríamos el amor con exclusividad. el paisaje del deseo, que no se suponía o se reproducía a cada instante y que permaneció oculto para nosotros -la algarabía de ser niños no nos dejaba ver “todos andábamos a la caza de una flora insectívora”. éramos suspicaces. ahora, acomodo en mi mente la mente del invernadero. su llama tibia en el centro de las imágenes haciéndonos creer que algo temblaba o que podría no ser alcanzable. esa incertidumbre del temblor donde cruje la madera y la realidad se distorsiona y parte en dos lenguajes. fue la que siempre quisimos y faltó. 9 de marzo del 95
la isla de wight
yo era como aquella chica de la isla de Wight -el poema no estaba terminado era el centro del poema lo que nunca estaba terminado- ella había buscado desesperadamente ese indicio de la arboladura. había buscado… hasta no tener respuestas ni preguntas y ser lo mismo que cualquiera bajo esa indiferencia de la materia a su necesidad, el yo se agrieta. (un yo criminal y lúdico que la abraza a través de los pastos ocres y resecos del verano). ella había buscado “la infinitud azul del universo en el ser”. -lo que dicen gira en torno a sus primeros años cuando el padre murió sin haber tenido demasiado conocimiento del poema-. sé que esa mentira que ha buscado obtiene algún sentido al derretirse en sus ojos oscuros, ha buscado el abrupto sentido del sentir que la rodea. (un poema es lo justo, lo exacto, lo irrepetible, dentro del caos que uno intenta ordenar y ser) y lo ha ordenado para que el poema no sea necesario. despojada del poema y de mí va buscando con su pasión de perseguir la dualidad. ha perdido, ha buscado. ha contrapuesto animales antagónicos que han venido a morir bajo mi aparente neutralidad de especie, un gato, un pez, un pájaro… sólo provocaciones. -te digo que los mires- para hallar otra cosa entre esa línea demoledora de las formas que chocan al sentir su resonancia. -también aquí se trata del paso del tiempo, de la travesía del mar por el poema- a donde ellos iban, los poemas no habían llegado todavía. yo era como aquella chica de la isla de Wight había buscado en lo advenedizo la fuga y la permanencia de lo fijo y me hallo dispuesta a compartir con ella a través de las tachaduras si el poema había existido alguna vez materialmente si había sido escrito ese papel para conservar el lugar de una espera.