Margarita

Margarita

Antes carne amorosa, antes dulce comarca de placer; y luego polvo bajo las sandalias de San Francisco; Margarita salvada de la carne por el espanto de una carne adorada; Margarita, con su nombre de cuatro pétalos al pie de una santa higuera y por tres años suspirante en el limbo de la tristeza y por tres años golpeando en la puerta de la Santidad; Margarita en una mortaja de oración y silencio; Margarita cuya confesión espantó la penumbra de las catedrales. Oh Margarita, loca de Dios, pecadora arrepentida, con el rostro pegado al suelo de la penitencia: Santa Margarita, dobla hacia la tierra nuestro orgullo.

Versión de Eduardo Carranza