Me ocupo inútilmente de mi vida mientras espero que despiertes. Estuviste a punto de romper el cristal que nos separa y por fin encontrarnos. Sólo viste tu imagen reflejada. No miraste al través. Del otro lado estaba yo, llamándote. Llegaste a mí sin darte cuenta. Por una puerta entraste, que no me conocía, y te quedaste aquí, sin saberlo. Ahora te veo caminar por la ciudad, dueño de ti, sin anclas, y me sonrío, porque ese tú que anda por ahí, es el que está soñando. Y aquí dentro de mí te sueña el verdadero.