Vincent Van Gogh bendice tu locura. Derramaba pintura y pasión con furor. Tú dabas alaridos azules y naranjas. Emborrachaste el aire provinciano. Inyectaste en el trigo movimientos de color amarillo. Llegaste a darle a Dios el cielo tuyo agitado y oscuro, y te quedaste sentado en el taburete del rincón de tu cuarto, iluminado.