Cada día más, del mundo exorbitado, en solitario claustro pulo el verso que he de ofrecerte. Eludo la estridente paradoja y la luz inhumana de los cohetes -digo- tropos que pueden ofenderte.
Que tus tersas pestañas no se abajen a luz ninguna; que si lágrimas viertes, las recoja . pañuelo gris, el paño de la bruma.
Cada día más, del mundo exorbitado, te doy mi vida en cada verso mío. Al verte dije: Paréceme ya tiempo de ser romántico… Y a la sazón callaron las alondras del huerto consabido, y en el sucio corral de mi convento un gallo ilustre profirió su grito.
Calzo la espuela y me armo caballero deliberadamente; porque pie a tierra he pretendido en vano usufructuar el predio que va desde tus pies hasta tu frente.
Naciste en la planicie donde una nube plateada te sirvió de cuna, ¿qué tienes tú que ver con pedrerías y figuras retóricas?
Beata virtud: permíteme que aluda al nácar de tu carne. ¿Qué tienes tú que ver con pedrerías? Beata virtud, mejor vestida cuanto más desnuda…
De “Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario” 1933